Sergio Borao Llop
Molinos
Todo Quijote sabe que el molino
es molino tan sólo, y no gigante;
pero es su sino acometer la empresa
de derribar molinos cual si gigantes fuesen.
Tragicómica función representada
para todos los Sanchos de este mundo.
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Sergio Borao Llop
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Amanecer desnudo y muerto entre los muertos
Amanecer desnudo y muerto entre los muertos
que miran a otro lado y canturrean
la canción del olvido mientras duermen
su sueño enmohecido de sirenas.
Despertar cautivo y ciego entre las ruinas
sin guitarra ni espigas ni horizonte;
tan sólo un grito ahogado en las entrañas
y la certeza del caos circundante.
Gota a gota la muerte se va bebiendo el mundo
por las ensangrentadas fauces de sus canes
ataviados con ropas de diseño.
(En su bolsa resuenan las monedas:
los treinta hachazos en el cuello
del venado inocente).
Mientras, los hombres callan
y sólo se oye el son de los demonios
entre un eco de fieras explosiones.
Pido que cese el ruido, que se apaguen
todas las humaredas de la noche;
que termine el estruendo y sólo suene
el humilde tañir de una palabra
rebotando en las esquinas del crepúsculo.
Pido que nazca el hombre, que renazca
de todos sus cadáveres, que surja
su voz sonora, su verdad sincera,
que sea música que tercamente fluya,
arroyo o marejada, nube o yegua,
fiebre de océanos, campana de gaviotas.
Pido que sobrevenga la alborada.
SI TENGO QUE OLVIDAR
Si tengo que olvidar, cerrad mis ojos
y apagad los susurros de la aurora
antes del despertar de las palabras.
Si tengo que olvidar, que sea otoño,
que las hojas caídas me acompañen
y un tañido lejano interminable
me adormezca despacio, mansamente.
-Ni una sola gaviota planeará en mis playas.
Verán, viejos, mis ojos, un cerrarse de nubes
y un solemne aguacero, un crepitar de gárgolas,
una mudez de cerros.-
Si tengo que olvidar, dejadme solo
en la mazmorra de las decepciones;
borrad todos los nombres, quemad todas las fotos,
arrasad las ciudades que me vieron
y las ciudades que soñé habitables,
sacrificad los versos que compuse
y las canciones que me emocionaron.
Si tengo que olvidar, que sea octubre
que me esconda la lluvia y me seduzca
el rumor de la noche, que no cese
el ladrido del viento, que suceda
una conversación intrascendente,
que la bruma descienda sin apremio
como el fulgor de una sonrisa cómplice.
Si tengo que olvidar, cerrad mis ojos
y dejad que amanezca sin mi canto.
Infierno
¡Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza!
Divina Comedia. Dante Alighieri.
Hay voces que aseveran que el infierno
es la repetición infinita de determinados gestos,
como despertar cada mañana sin nadie entre las sábanas,
certificar tu ausencia en todos los rincones de la casa,
desayunar sin tu sonrisa frente a mí, ir al trabajo
con la oscura convicción del inútil regreso
porque al regreso tampoco vas a estar, ni tus canciones
van a poner la nota de alegría necesaria
que me permita escapar un día más a la locura.
Cualquier mesa es demasiado grande si uno come solo.
No se puede conversar con los recuerdos.
Y la noche, la noche que alguna vez fue cómplice,
la noche que acogió nuestras quimeras,
la noche que nos condujo por calles nunca vistas
y veló nuestro sueño entre vastas carreteras
que siempre conducían, que nunca extraviaban;
la noche que amparó los momentos más dulces
hoy es tan sólo el testimonio de un vacío.
Y una vez más, como en una secuencia interminablemente repetida,
dejarse arrastrar a la inconsciencia de los fármacos
sin poder evadirse a la certeza
de los días vencidos, de las tardes calladas,
el incoloro deambular entre plazas olvidadas,
los restos calcinados de los parques de otoño.
Mirar el mar
al este el norte el sur
pintarlo en el oeste con el fuego
verdoso de las tardes otoñales
Ver el mar devorando a sus crepúsculos
escuchar sus latidos cada noche
sus canciones de espuma y marejada
memoria de otras noches y otros mares
Pintar el mar sumirse en él desembocarse
ebrios de mar amarse desbocarse
Mirar el mar de mar emborracharse
ser orilla y temblor y acantilado
caer caer caer entre las olas
mirar del mar el mar inolvidable
y no poder cruzarlo para verte...
LUNA
La luna
con su eterna tristeza de único testigo
contempla el mar.
El hombre
a la orilla parado de ese mar en tinieblas
medita y calla; sueña
ciudades sumergidas en las profundidades.
(Apócrifos recuerdos recobrados de pronto)
La quietud de las olas delata tempestades
que han de llegar. La calma,
el silencio del viento,
presagian oceánicas batallas
que han de inquietar el pecho del viajero,
llagando con sus fieras marejadas
el alma de la noche adormecida.
Después la mañana, el hombre
a la orilla parado de esas olas en calma
recordando ciudades sumergidas
más allá del olvido.
NOVIEMBRE
Noviembre es el heraldo de la bruma,
sacerdote en los templos donde el frío
teje las primeras luciérnagas de escarcha.
Noviembre es la premura del mendigo
en busca de un zaguán para sus noches.
La última parada del náufrago urbano.
Noviembre no es un dios, sólo es la herencia
de las lunas de agosto, la resaca
del licor que destilan los otoños.
No acuestes tu palidez en su regazo
ni atices su desidia con tu llanto.
Noviembre no es una promesa ni un rechazo.
Tan sólo el mensajero de la nieve.
COMO LÁGRIMAS EN LA LLUVIA
Vine a gritar y me pobló el silencio.
Del son, sólo fantasmas nuestras voces.
Pues todas las palabras:
las que un día cantamos,
aquellas que callamos,
las que nunca debimos haber dicho,
también las que escuchamos,
pensamos inventamos escribimos,
las que en algún otoño nos dañaron
y las que despertaron un lánguido suspiro,
las que pintaron una sonrisa en nuestros labios
y las que no dejaron ningún poso en nuestro espíritu;
y aun éstas que ahora escribo,
éstas que acaso estás leyendo,
también se perderán en los pliegues del tiempo.
Sólo seremos ecos,
provisionales ecos rebotando
hacia un sol extinguido.
TU
Muy lejos del paraíso
en la cumbre de nada
caminaba.
En mitad de mi camino, Tú:
Pequeña sombra de veinticinco años
herida por las brisas del ocaso
y las palabras vanas del asfalto
cayendo abrasadora sobre mis ojos ciegos
con la brutal violencia de un torbellino arcano.
Sobre mi frente quebrada
en millones de pétalos-luz de ardientes amapolas
llovieron despedazados
minuto
a
minuto
diez largos años de ausencia
diez galaxias encendidas
girando vertiginosas
ante mis ojos sin vida.
Y esa mirada tuya mayor que un universo
despertó la aletargada lágrima de fuego,
despedazó mis párpados difuntos,
miríadas de recuerdos fueron desenterrados
y he ahí la presencia irrevocable
de otra mirada, lejana, caída bajo las ruedas
del carromato del tiempo.
¿Qué no hubiera dado entonces por una sola palabra?
Pero hoy tus ojos vencidos
por una inmensa languidez tristísima
se han mirado en los míos y he sentido
una furiosa voz soliviantada
chocando contra mis huesos
golpeando mis sentidos
desbordando los poros de mi cuerpo
pero una voz ahogada.
Yo me acuso
de haber puesto en mis bolsillos
treinta monedas de sangre.
Tú, sombra, tú, cara oculta de mi vida
ya para siempre en mi retina, tú,
en todos los espejos, tú,
por las vertientes cóncavas del cielo, tú,
con tu mirada yacente de amanecer decapitado
preguntando denunciando interrogando
por tu vida
por tu vida
por tu vida.
Sombra, tú, volando en autocares atestados
en los jardines en las pláticas nocturnas
en los suburbios en los árboles dormidos
en la calma de los mares y en las fábricas
en el canto melodioso de las madres
en la lluvia que nutre las cosechas
en el fondo imperfecto de las fuentes
en los versos que silban los abetos
en todos los colegios de la tierra.
Tú con tu tierna mirada
y yo de pie, sin palabras
como un muerto fugaz adivinado
por tus ojos de noche solitaria
presentido quizá soñado solo
que ya nunca sabré...
LO MEJOR DE MI VIDA
Lo mejor de mi vida tal vez se haya quedado
abandonado en alguna encrucijada
o al otro lado del cristal mojado
tras el que contemplé las marejadas y la noche,
y por qué no decirlo, las inmutables estaciones
que me fueron alejando de otras tardes más cálidas.
Hubo un tiempo de caminos anchos,
de colinas suaves que ocultaban fuentes,
de jóvenes aves y ardillas veloces
y de sal y de pan y de plácidos campos
preñados de fértiles terrones y labradores.
Hubo un tiempo de límpidas aguas,
de frondosos bosques y playas morenas,
de silentes cráteres orlados de espuma.
Pero en la noche del invierno treintaycinco,
todos esos mis ángeles me fueron vomitados en el rostro
y pude comprobar que la senda se había ido estrechando
hasta límites intolerables.
Supe entonces que mis pasos borraban el camino,
que ya no era posible detenerse
ni mirar hacia atrás, que no había regreso,
que legiones de arpías me empujaban riendo
y que un loco empuñaba mis recuerdos.
Entonces, tras la lluvia, se apagó una ventana.
NOCHES QUE NO SE VENDEN AL OLVIDO
Hay palabras que parecen últimas
en la insondable voz del exiliado.
Hay recuerdos perpetuos que regresan
como instantáneas que, crueles, nos transportan
a la luz de las farolas de otras calles.
Hay senderos que los pies no reconocen
y una ciudad de encrucijadas inviolables
que se acuesta infinita sobre el páramo.
Hay bocas cerradas, teléfonos mudos, quietud...
Pero hoy la luna está brillando sobre el mar
y su redonda desnudez disloca el tiempo:
Duermes en el asiento, aquí a mi lado,
y una canción resuena emocionándome
mientras pasan, certeros, los kilómetros.
Hay noches que no se venden al olvido.
LAS PIEDRAS ME HABLAN DE TI
Camino mi ciudad, que es todas las ciudades,
como una sorda búsqueda, como un inexplicable
tránsito hacia otro mundo que me llama.
Camino por sus calles centenarias,
por sus veredas pardas de ceniza,
camino sobre las huellas que dejaron
nuestros pasos en las mismas calles,
en tantas calles que nos contemplaron
desde el silencio antiguo de su historia.
Los vastos edificios de otro tiempo
acompañan mis pasos desvelados.
Los muros que perfilan mi nómada delirio
me hablan de los instantes compartidos,
me repiten tu nombre inolvidable.
No soy yo; son las piedras
que me gritan tu nombre en cada esquina.
ISLA
En torno, las aguas
me dibujan.
Pasan, humedeciéndome,
dejando en mis arenas
una leve nostalgia,
una caricia líquida.
Azules y marrones
me someten,
azotan mis riberas
me aman y se van
condenándome
al eterno recuerdo.
Inmóvil, en el centro
de la corriente, existo.
Porque el río me contiene
y me abraza
resulta tolerable
la quietud de mis playas.
NO ME BUSQUÉIS
Cuando, olvidados ya de mí y de mis quimeras,
tal vez echéis de menos mis manos en la noche.
Cuando, perdidas ya las pistas de mi risa,
caminéis por el filo de una voz enemiga.
Cuando mueran los trigos.
Cuando desaparezca...
No me busquéis en casas decoradas
por artistas del lujo y el boato.
No me busquéis en cálidos despachos
ni entre alfombras, cortinas o lámparas antiguas.
No me hallaréis tampoco entre las gentes
que, despreciando al hombre, conversan vanamente
con vacías palabras que nada significan.
No estaré con aquellos que filtraron
(sin piedad, sin rubores)
gota a gota la sangre de los pobres
para hacer de cada vena un instrumento
de riqueza enterrada en sus bolsillos.
Buscadme en el sepelio de una hoja
brutalmente arrastrada por el viento.
Tal vez en las aceras, entre las multitudes,
solo,
contemplando el ocaso de un insecto
o el cambio de colores de un semáforo.
Ahogándome quizás tozudamente
en gigantescas fuentes de nostalgia,
o prendido de un silbo
recorriendo recuerdos.
También me encontraréis enredado en la hiedra
que crece por los muros del eterno
CANTAMOS
Cantamos porque la vida lo precisa.
Porque al mágico influjo de la música
las piedras del camino devienen girasoles,
porque al cantar se cauterizan las heridas
y nace entre las manos una espiga
que eleva su estatura hacia el sonido
que fluye interminable, que germina
y se expande como un polen de promesas
por la extensión sin límite del cielo.
Cantamos porque el canto es necesario.
Porque en alguna parte, alguien que sufre,
necesita los versos, las notas que tañemos,
los acordes que inventa nuestra lira.
(Pésimo conversador es el silencio,
hay que romper su círculo encantado
y lanzar hacia el viento las palabras
como un cauce perpetuo que no tiembla
ante el rugido atronador de sus sicarios)
Cantamos nuestra dicha y nuestra pena,
el pan que nuestras bocas alimenta
y el vino que nos roba la consciencia.
El canto es una lucha que no ceja,
una herramienta contra las cadenas,
un estandarte imprescindible, una luz plena
que no apagan las noches de derrota
ni el severo fluir de lágrimas doradas.
Mi canto es una bandera de horizontes,
una hoguera de manos enlazadas,
un coro de palomas que despiertan.
LA RAÍZ DE TU TRISTEZA
No sé de qué raíz envenenada
ha crecido en tu pecho la tristeza.
¿Cómo fue que germinó esa mala hierba?
¿Qué ponzoñosos elixires la nutrieron?
Dicen que se cruzó en tus calles la desdicha,
que envenenó tu sangre una ráfaga de olvido,
que ojos como serpientes estrangularon la cordura
dejando apenas una sombra en tus zapatos.
Que alguien ejecutó de golpe tu sonrisa.
¿Qué oscuros resplandores te cegaron?
¿Qué huestes de la sombra te prendieron?
Sabemos que hubo noches que te vieron
danzar bajo la luna sin disfraces
ni oropeles ni alhajas ni armaduras,
mas hoy la luna se ocultó en un rincón del universo
y tus voces nocturnas se pierden en el eco
con un deje de otoños prematuros.
Por arduos laberintos vas buscando la muerte
mas no hay un sólo manantial que te emborrache.
Tan sólo ese veneno que arraigó entre tus venas
apagando tu risa, decorando de arrugas
tu rostro y tus silencios, enterrando
de golpe entre las flores tu palabra.
Sergio Borao Llop.
Narrador y poeta nacido en Mallén (Zaragoza)
Colaborador habitual en Inventiva Social, Misioletras, y el suplemento literario del diario Crónica, de Argentina. También del hoytristemente desaparecido boletín de La Tertulia
en Mizar. Incluido en diversas antologías y en las revistas Nitecuento, Imán, Alhucema y Rampa. Asimismo, colabora ocasionalmente en las revistas electrónicas EOM,
Elfos, Letralia, Oxigen, Literatuya, Almiar, NGC 3660, Cayo
Mecenas, El interpretador, Artesanías literarias, Logogrifo,
Caminos de Pakistán, The Big Times y RAMPA y otras.
Incluido en diferentes páginas web como Poesi.as, El Gato de Hank, Arte Poética, Proyecto Patrimonio, El cronista de la red, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Palavreiros, Cisne Negro, La Biblioteca de Bizién, Poetas del mundo, Kultural, El viejo faro, Vapores deliciosos, El Guardavías, Poesía Salvaje o Nausicaa, así como en algunas antologías en contra de la guerra.
Sus textos han sido leídos en los programas radiofónicos "Ruido de magia", "El diluvio y la pasajera" y "Tus poemas por las ondas".
Ha recogido la mayor parte de sus cuentos en dos libros: El
Alba sin espejos y Reflejos, Intrusiones, Imposturas, y su
poesía en el volumen La estrecha senda inexcusable.
Fue finalista en los certámenes de Poesía y Relatos "Ciudad de Zaragoza 1990".
En el weblog literario Al_Andar publica textos de autores que
han ejercido influencia en su aprendizaje, y de escritores
contemporáneos, descubiertos mayoritariamente en la red.
También puedes visitarle en su página web.
Me agradaría mucho recibir tus comentarios